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El coronavirus puede agudizar los problemas con el alcohol

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El coronavirus puede agudizar los problemas con el alcohol

Los expertos en salud recomiendan un consumo máximo de dos vasos de cerveza diarios y al menos dos días sin consumir alcohol por semana. Foto: Karolin Krämer/dpaFoto: Karolin Krämer/dpa

Preocupaciones financieras, tensión y posiblemente también algo de aburrimiento: la pandemia del coronavirus y las restricciones que conlleva el confinamiento parcial pueden convertirse en una carga excesivamente pesada para la gente y algunos recurren a la bebida buscando algo de consuelo.

«Era de esperar», afirma la escritora y periodista alemana Gaby Guzek. «El alcohol disipa el aburrimiento. Otros sienten temor por el futuro y las dificultades financieras y quieren aplacar esas preocupaciones con la bebida». Además, no hay que olvidar que una situación de hacinamiento en las familias es muy estresante: «Normalmente, uno no pasa 24 horas seguidas al lado del otro. Con el alcohol, uno busca relajarse», agrega.

La Oficina Central Alemana para Asuntos de Adicción (DHS) no puede confirmar que el consumo de alcohol en sí esté aumentando debido a la pandemia. En general, ha habido incluso un ligero descenso, señala la subdirectora de esta entidad, Christina Rummel, quien explica que esta situación se debe principalmente a las restricciones, ya que se celebran menos fiestas y se han reducido las reuniones familiares y, por lo tanto, existen menos oportunidades para el consumo de alcohol y la intoxicación etílica.

 

Pero las cifras también muestran una evolución que puede describirse como problemática. «El consumo ha aumentado entre las personas que han bebido mucho o que corren el riesgo de convertirse en adictos de todos modos», apunta Rummel.

Recaídas por falta de las reuniones de grupo

La situación actual dificulta las circunstancias. Con el coronavirus se ha limitado la capacidad de poder ayudar a las personas que tienen problemas con el alcohol. Los grupos de autoayuda, por ejemplo, a veces no pueden reunirse, pero estas reuniones son un apoyo importante para los que han sido adictos ya que forman parte del seguimiento a su tratamiento en las clínicas. «Hemos recibido varias notificaciones de recaídas de gente de los grupos», señala Rummel. En verano, los grupos de autoayuda tuvieron la feliz idea de reunirse fuera y consiguieron hacerlo a menudo. Pero en invierno es imposible, agrega.

 

No obstante, «todos los que necesitan ayuda la reciben. Por ahora mucha de la ayuda que se puede ofrecer solo es posible online o por teléfono», añade.

 

Los puntos de contacto son los centros de asesoramiento sobre adicciones, las clínicas ambulatorias de los hospitales siquiátricos y los grupos de autoayuda. «Si se consigue que esa persona exprese lo que le agobia, ya se ha ganado mucho, porque ese paso es el más difícil», indica Rummel.

 

No solo la cantidad es lo que importa

¿En qué momento el alcohol se convierte en un problema? En gran medida esto depende en realidad de cada uno, pero el Centro Federal de Educación para la Salud (BZgA) en Alemania da cifras concretas y aconseja que estas se cumplan para que el consumo de alcohol sea «de bajo riesgo». Según estas cifras, las mujeres sanas no deberían beber más de un pequeño vaso de cerveza o una copa de vino al día. En el caso de los hombres esa cantidad es el doble. Para evitar acostumbrarse, al menos dos días a la semana no se tiene que consumir nada.

 

Pero no todo debería depender exclusivamente de los números, apunta esta especialista en adicciones. Si fuese así, se podría pronosticar cuándo el alcohol se convierte en un riesgo para la salud. En su opinión, no existe una cantidad que realmente esté libre de ese riesgo. «Cualquiera que beba todos los días y se dé cuenta de que le resulta imposible o difícil no hacerlo, debería prestar atención. Es un proceso gradual».

 

Si uno se da cuenta de que tiene problemas en el trabajo, con la familia, con la salud, entonces es cuando resulta difícil. «Cuanto antes se dé cuenta uno mismo, antes podrá detenerlo. A menudo ese proceso dura años», explica Rummel.

 

Desde el punto de vista de la periodista Gaby Guzek, la cantidad es algo secundario. «Para mí, la señal de alarma más importante es cuando notas que recurres al alcohol con un propósito concreto. Tan pronto como empiezas a beber específicamente para relajarte, por ejemplo, no suele ser solo una copa. Llega un momento en el que se empieza a tomar más. Uno no se convierte en alcohólico de la noche a la mañana.»

La delgada línea entre el abuso y la dependencia

Guzek era una alcohólica. Al menos durante 20 años, fue difícil encontrar esa «línea entre el abuso y la dependencia”, apunta. Ella era la típica persona que bebía para relajarse. Tenía mucho trabajo y la familia también consumía mucha energía. Tomaba una copa, que rápidamente pasaron a ser dos. «Uno se autoengaña mucho. La línea entre una situación y otra es muy sutil», relata.

 

Claro que tomar una copa para relajarse no está mal, pero el problema está cuando esa cantidad aumenta, explica la periodista. Es por ello que ahora alienta otras formas de encontrar esa calma interior. «Es mejor escuchar música de meditación para relajarse, al menos no es adictiva», señala.

 

Limpiar, hablar, hacer algo…

A Guzek le cuesta aceptar las estrategias de evasión genéricas. «Depende del tipo de alcohólico que uno sea», comenta. Si uno bebe por aburrimiento, debería ver si puede ponerse a ordenar algo, un armario por ejemplo. La clave está en hacer algo que al final le hará más feliz. «Porque cuando uno se aburre, el sistema de recompensa en la cabeza está insatisfecho. Y es ahí donde ayuda tener objetivos, aunque sean pequeños. Esos logros son los que hacen feliz al sistema de recompensa», explica Guzek.

 

Si uno tiene preocupaciones por el futuro o siente incertidumbre, no debería ahogar en alcohol esos temores, sino hablar de ellos con la pareja, los padres o los amigos. Eso puede sonar banal de primeras, pero hablar es lo que más ayuda en realidad, porque la persona no acaba tragándose todas esas preocupaciones. Y aunque no lo parezca «a veces eso es suficiente», señala Guzek.

 

Los parientes y amigos son un ancla importante para las personas con problemas de alcohol y no deberían quedarse de brazos cruzados si saben que existe un problema o detectan una adicción. Deberían abordar el tema, aconseja Christina Rummel, «pero de modo que se exprese que se está preocupado por la otra persona y no empleando un tono acusatorio». La experta en adicciones señala que los familiares también pueden contactar con los centros de asesoramiento.

 

No se puede tener alcohol en casa

Cerveza, vino, cava, aguardiente: todo fuera. Por norma general no se puede tener nada de esto en casa cuando el consumo de alcohol se ha convertido en un problema. «Esta máxima es realmente importante y hay que ser estricto con ello», afirma Guzek. «Nada de nada en casa», insiste. Tampoco se pueden quedar en casa esas botellas de vino de añadas especiales o un whisky raro, ya que los alcohólicos tienen muchas formas de justificar el consumo. «Lo sé por mí misma», añade.

 

La escritora es ahora abstemia. A ella le ayudó a dejar la bebida buscar y reconocer los desencadenantes de la adicción. «Cualquiera que entienda que también hay procesos bioquímicos detrás de esto, sabe que no tiene nada que ver con la debilidad y la culpa, sino que la adicción al alcohol es una enfermedad», explica. Para ella, este enfoque racional fue en última instancia lo que propició que dejara el alcohol.

 

Fuente: https://www.ultimahora.com